GOÑI, CARLOS
nttttt Las historias que no se cuentan caen en el olvido y horadan la memoria. Eso lo sabía bien Heródoto de Halicarnaso, quien hace veinticinco siglos viajó por todo el mundo conocido, indagando, preguntando, observandou2026 y recopiló sus u201chistoriasu201d, es decir, el informe de sus indagaciones, en una obra grandiosa que ha pasado a la posteridad con el desnudo título de Historia.nEl u201cpadre de la historiau201d, como lo llamó Cicerón, nos cuenta cómo se las ingenió el faraón Psamético para saber quiénes fueron los primeros habitantes del mundo, cómo Creso destruyó un gran imperio, que resultó ser el suyo, o por qué se decía que el rey persa Ciro era hijo de una perra. u00a0Gracias a él nos enteramos de que las murallas de Babilonia eran inexpugnables, que la geometría se inventó en Egipto o que el relincho de un caballo entronó al rey Darío. Heródoto nos narra las grandes batallas entre persas y griegos: Maratón, Salamina, Plateau2026; por él sabemos que el rey Jerjes hizo azotar el mar, que el futuro de occidente se dirimió en las Termópilas y que los temidos Inmortales no eran inmortales. Y muchas, muchas cosas más.nDigámosle, pues, a Heródoto: u201cCuéntame una historiau201d, y vayamos de su mano a recorrer el mundo antiguo, tan lejano y tan cercano, tan viejo y tan nuevo, tan asombroso y tan bello. Después de cada historia intentemos sacar alguna enseñanza de la que es, una vez más en palabras de Cicerón, u201cmagistra vitaeu201d, maestra de la vida.ntttt