COLODRO, MAX
El silencio al fin, como la última frontera, como un lugar inhabitado, pero que convive y se articula con lo intrínsecamente expresable. Como la muerte, como esa alteridad radical que acompaña todo lo viviente, y que sobrevuela constantemente como un fantasma, como un horizonte siempre destellante al alzar la vista y querer ir un poco más allá. El lenguaje frente al silencio, frente a la proyección imaginaria de su fin, de su límite y de su imposibilidad. Del otro lado de la palabra, la nada, la ausencia total del sentido, el puro sinsentido, en fin ... Pareciera que estamos siempre amenazados por eso innombrable que ronda al lenguaje, que lo sigue en su movimiento infinito como un animal de presa, que lo busca y lo cerca, pero, también, que le permite articularse en su espacio, definirse en una relación necesaria con aquello que no es, que no alcanza, que no llega nunca a conquistar. M.C.