VALLEJO, FERNANDO
Me pasé la infancia y la juventud en misa o leyendo novelas, y tantas oí y leí que perdí la fe: en Dios, cosa que para los efectos de la literatura poco importa, y en el novelista de tercera persona sí. En este negocio el que no es poeta o novelista de tercera persona se quedó colgado del trapecio en el aire fuera del circo, qué más da. u00a1Cómo va a saber un pobre hijo de vecino lo que están pensando dos o tres o cuatro personajes! u00a1No sabe uno lo que está pensando uno mismo con esta turbulencia del cerebro va a saber lo que piensa el prójimo! u00a1Al diablo con la omnisciencia y la novela!